De Jos a Kaduna: la evolución criminal de Boko Haram contra intereses cristianos
En los últimos 18 meses, la milicia islamista nigeriana se ha cobrado la vida de al menos 280 personas, solo, en ataques contra iglesias
Nochebuena
de 2010. Nueve explosiones en barrios cristianos de Jos y otras localidades del
Estado de Plateau, al norte de Nigeria, dejan un saldo de al menos 80 muertos.
Rápidamente, la autoría criminal es asumida en un comunicado por la milicia
islamista Boko Haram.
Sin
embargo, desde el primer momento, el Gobierno de Abuja niega la mayor: “El modus
operandi no pertenece a este grupo armado. Nunca, hasta ahora, se han producido
atentados contra la comunidad cristiana de tal envergadura en nuestro país. No
son ellos”, aseguraba entonces Abdulrahman Akano, portavoz policial del Estado,
quien recordaba que los enfrentamientos en el pasado entre los rebeldes (700
muertos solo en 2009) y el Ejército siempre contaron con un componente político.
Dieciocho
meses después de producirse estas declaraciones, al bueno de Akano las cifras
tan solo le dejan en evidencia. Desde el atentado de la ciudad de Jos, más de
280 feligreses han perdido la vida en ataques de Boko Haram contra centros
religiosos cristianos. Otras 800 personas, en atentados con el único credo de la
barbarie.
Y
la última de estas acciones no puede ser más reciente. El
pasado domingo, cerca de una treintena de personas eran asesinadas en tres
explosiones coordinadas contra iglesias del Estado de Kaduna.
“Estos
ataques tan solo son una venganza por destruir nuestras mezquitas y convertirlas
en centros para el consumo de alcohol y de prostitución”, denunciaba en un
comunicado Abu Qaqa, portavoz del grupo islamista.
Ya
nadie pone en duda la veracidad de estas palabras. Es más, los recientes ataques
de la milicia radical tan solo han servido para avivar un conflicto religioso de
sangrientas consecuencias para ambas comunidades.
En
las últimas horas, al menos una treintena de musulmanes (ajenos a la violencia
sectaria de Boko Haram) han sido asesinados en el Estado de Kaduna, mientras que
varias mezquitas fueron incendiadas. No en vano, recientemente, Ayo Oritsejafor, líder de la Asociación de cristianos de Nigeria
había exhortado a sus parroquianos a defender las iglesias de “cualquier modo
posible”.
Mientras,
Boko Haram sonríe. Poco a nada ya queda de aquellos 200 estudiantes
universitarios que, en 2002, ante la crisis económica que asolaba el país,
decidieron establecerse junto al líder religioso (ya fallecido) Mohammed Yusuf
en un campamento cercano a la frontera con Níger para el estudio del Islam.
Ahora, su currículum educativo es otro: 44 muertos en diciembre de 2011 en una
iglesia de Madalla ó 38 fallecidos en un centro religioso de Jos son solo
algunos ejemplos de sus nuevos “méritos” sectarios. Siempre sin olvidar, eso sí,
que las muescas de la cruzada criminal de Boko Haram cuentan con tantas bajas
musulmanas como cristianas.
Porque
como reconocían recientemente en una
entrevista a este diario John O. Onaiyekan, arzobispo de Abuja, y Abubakar
Siddeeq, imán de la Mezquita Nacional, víctimas son ambas comunidades.
Por Juanma
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